Hispania, siglo I. Tres extranjeros caminan, sin rumbo conocido, por la península. Uno de ellos, quien les dirige, no es otro que Santiago, el hijo del Zebedeo, hermano de Juan y discípulo de Jesús.
Jesús Bastante ha recreado la vida y milagros del Apóstol durante su estancia en Hispania; también la de quienes les guían y la de sus perseguidores. Brujas, magos, mercenarios, asesinos… hasta la Virgen María. Por primera vez se novela la vida del hombre cuya tumba, en Compostela, ha configurado la mayor peregrinación de la historia de la humanidad.
Por primera vez, se novela la resurrección del Hijo de Dios en primera persona.
Jesús Bastante Liébana se erige en un autor fundamental, capaz de ofrecer, como ya hizo en su novela anterior, Cisma (Ediciones B), un apasionante diálogo entre tradición y modernidad: entre las bases del cristianismo y las motivaciones de los lectores del siglo XXI.
Jesucristo, el Crucificado, ha resucitado. Regresa al tercer día, tras descender a los Infiernos. Y comienza, de nuevo a vivir. Y a sentir, soñar, creer, dudar. Por primera vez se novela la resurrección del Hijo de Dios en primera persona.
Un emotivo relato, desde dentro, sobre cómo fueron los momentos posteriores a la Resurrección, en los que Jesucristo se encuentra con aquellos que lo condenaron, con sus discípulos, su madre y María Magdalena. Una novela que no dejará indiferente a nadie y que nos presenta a un Jesús divino pero infinitamente humano.
El personaje más importante de la historia de la humanidad al desnudo en su momento más desconocido: tras regresar de entre los muertos.
Corre el año 1521. En su habitación de palacio en la ciudad libre de Worms, un inquieto Carlos V, rey de España, gobernador del Nuevo Mundo y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, aguarda impaciente la llegada del amanecer. La reunión que ha de celebrarse en esa estancia será determinante para el futuro del imperio. Tras la publicación, unos meses antes, de las tesis de Martín Lutero como reacción y denuncia de la corrupción reinante en el seno de la Iglesia, la estabilidad de esta institución se ve comprometida.